lunes, 4 de abril de 2011

Más de 200 mil inmigrantes tratan de llegar a Estados Unidos

Inmigrantes en México atrapados en la "narcoguerra"
Cruzan el país en trenes de carga para llegar a EE.UU. Son más de 200.000 al año.

(PorGustavo Sierra)

La camioneta frenó en seco pero no pudo evitar el golpe contra el árbol ni el vuelco. En un segundo los 20 inmigrantes hondureños y salvadoreños que viajaban amontonados en la caja cayeron por un barranco. Había llovido mucho y la pendiente se convirtió en una montaña rusa. El barro los hacía resbalar, golpearse contra los arbustos y seguir hacia abajo. Terminaron a la vera de un pequeño río, sucios de pies a cabeza. Magullados pero con todos los huesos en su lugar. Las picaduras de unos enormes insectos y los alacranes venenosos que había por todos lados les hicieron subir la pendiente en menos tiempo que la habían bajado. Comenzaron a caminar hasta el puesto de El Aguila, en el estado mexicano de Tabasco. Allí se iban a montar al primer tren de carga, conocido como La Bestia o directamente “el tren de la muerte”, que los llevaría hacia el norte, hacia Estados Unidos. Ya llevaban tres días de viaje desde que cruzaron la frontera con Guatemala.
“Creíamos que habíamos pasado lo peor cuando en Tenosique nos corretearon los de la migra mexicana. Si te agarran te vas directo para afuera. Corrimos cada uno para un lado y terminé en un pantano con otros tres compadres. Escuchábamos que pasaban con los perros buscándonos. Una señora nos avisó que se habían ido y nos ayudó a lavar la ropa. Ahí pudimos montarnos al segundo tren que nos trajo hasta Palenque”, cuenta José Sarmiento, un chico de 23 años, que viene de Santa Bárbara, un pueblo campesino de Honduras y va hacia Jefferson City, en Tennessee, donde vivió por cuatro años y medio hasta que lo expulsaron hace tres meses. Lo esperan Mary, una compatriota de 26 años, y su hijo Wilman Aris, de 3 años. “Apenas nos habíamos subido al tren aparecieron unos mareros -de la pandilla Mara Salvatrucha que domina estas zonas-y tuvimos que darles unos 100 dólares por cabeza para que nos dejaran en paz. Se bajaron en un momento en que el tren se detiene para cambiar de vías y nosotros pudimos seguir hasta Coatzacoalcos y de ahí hasta acá en Medias Aguas”, sigue contando José mientras comemos unas tortillas con huevos rancheros y nopales, todo muy picante. Todavía le quedan más de 3.000 kilómetros hacia la frontera estadounidense y traspasar todo el territorio controlado por los diferentes carteles del narcotráfico. Esto sin contar la organización de traficantes que lo espera para hacerlo pasar por New México hasta la ciudad de Albuquerque tras el pago de 3.000 dólares a cada uno si el grupo supera las 10 personas, sino son 5.000.
José Sarmiento tuvo suerte muchos otros nunca logran completar el viaje. Oficialmente, en los últimos cuatro años desaparecieron unos 5.000 salvadoreños y otros 400 hondureños que intentaban la travesía. Cifras no exageradas si se tiene en cuenta que unos 1.000 salvadoreños, hondureños y guatemaltecos cruzan en forma ilegal la frontera de México cada día con el objetivo de llegar a Estados Unidos. Es imposible para estos campesinos conseguir una visa mexicana, les piden requisitos como poseer estudios secundarios y pasaporte en regla. En Estados Unidos residen 2,5 millones de salvadoreños que cada año envían unos 3.000 millones de dólares a sus familias, lo que representa el 16% del PBI del país. Los hondureños mandan otros 2.500 millones de dólares, lo que supera el 17% del PBI de su país.
El sacerdote Francisco Pelizzari de la Casa del Migrante de Guatemala, que dirigió otro albergue en los últimos años en Nuevo Laredo, en la frontera mexicana con Estados Unidos, asegura que los secuestros son constantes. “Escucho testimonios permanentes de migrantes que fueron secuestrados, golpeados, que se amenaza a sus familias. Se los llevan y los mantienen como animales en unas casas de seguridad hasta que logran que algún familiar les envíe al menos 500 dólares para que los liberen. Pero cuando salen están tan afectados sicológicamente que muchos ya no tienen las fuerzas para continuar su viaje”, dice el padre Pelizzari en una entrevista con el diario El Universal.
En Medias Aguas y en Tierra Blanca recojo varios testimonios sobre lo que ocurre pero la gente no quiere que se publique su nombre por temor a las represalias. “Vienen en sus camionetas, son dos o tres camionetas con vidrios polarizados y al menos dos sicarios atrás con sus cuernos (ametralladoras AK47). Obligan a unos 20 o 30 a subirse y se los llevan. La policía no hace nada y el ejército sólo arma retenes en lugares por donde los narcos nunca pasan”, explica uno de los testigos. Llevan a los migrantes a “casas de seguridad” y hacen el “descarte” de los secuestrados. Si pueden llamar a alguien que les envíe dinero, los mantienen. A los otros los largan en el desierto o, directamente, los matan. En septiembre del año pasado, en el estado de Tamaulipas aparecieron los cadáveres de 72 migrantes asesinados. Se atribuye la matanza a Los Zetas, uno de los carteles del narcotráfico (ver recuadro).
Los sicarios reciben los rescates a través de agencias internacionales de transferencia de dinero de las que ellos mismos tienen las concesiones. “Cuando estábamos secuestrados venía directamente un muchacho con la moto (de la agencia más famosa en todo el mundo) y les entregaba el dinero y la lista de los que lo habían enviado. Entraba el sicario y leía los nombres. Si algún apellido coincidía con el nuestro, nos podíamos levantar e irnos. De lo contrario, teníamos que seguir ahí donde de noche nos ataban con una cadena al cuello como a los perros”, es otro de los relatos de un hombre que intenta el viaje por sexta vez.
Mientras recorremos el sur de este estado de Veracruz donde las autoridades aseguran que todos estos son “hechos aislados”, el comandante de la Sexta Región Militar, René Aguilar Páez, anunció un exitoso operativo en el que se detuvo a 25 secuestradores y se liberaron 12 víctimas. También dijo que se detiene un promedio de un secuestrador cada tres días y que sólo en los tres primeros meses del año se encontró junto a los 133 sicarios detenidos 228 ametralladoras, 24.474 municiones, 53 granadas de fragmentación y 108 vehículos blindados. Todo esto en un solo estado que no es el “mas caliente”. En el norte del país estas cifras se multiplican por 10.
Al costado de las vías, en Tierra Blanca, me encuentro con Adela Trimiño, tiene 26 años y dejó cuatro hijos con su madre en Honduras. Un pariente le prometió trabajo en la cocina de un restaurante en Houston, Texas. Este es su cuarto intento por llegar a destino. “Todos creen que el problema es pasar la frontera con Estados Unidos y eso es lo de menos. Lo que cuesta es llegar hasta allá. Me robaron los mareros, tuve que pagar a la policía mexicana y me salvé por muy poco de que me secuestraran los sicarios... Pero a pesar de todo sigo intentándolo. Es la única esperanza de poder darle de comer a mis hijos”, dice con los ojos aguados y mirando al horizonte.

http://www.clarin.com/mundo/Inmigrantes-Mexico-atrapados-narcoguerra_0_456554389.html

domingo, 3 de abril de 2011

Todo por una vida mejor... ¡hasta la vida...!

Los jinetes de La Bestia (Por Gustavo Sierra - Clarín)

Son los 200.000 inmigrantes que se montan cada año a los “trenes de la muerte” para cruzar México y llegar a EE.UU. Los narcotraficantes los asaltan o secuestran. Muchos mueren en el intento.

Nota: Se recomienda entrar en la web y ver el video que acompaña esta nota.
El chirrido del acero penetra en el cerebro como un aguijón. Todos los que están montados a La Bestia cierran los ojos y algunos tapan sus oídos sin mayores resultados. Marlene y Erick dicen que entre el ruido y los barquinazos del tren están con dolor de cabeza permanente. El Moncho, Alexis y Álvaro ya no se quejan. Hace doce días que están arriba de estos convoyes de carga sin dormir más de cuatro horas seguidas y parecen anestesiados. “Tienes que concentrarte en una vieja (chica) o algo así y no pensar en tu raza (gente, familia) ni nada. Así te vas olvidando de que estás sobre este chingado (maldito) tren y que todavía vas a estar mucho más”, es la filosofía de Erick. ¿Y no es mejor pensar en lo que te vas a encontrar, en el futuro? “No, eso es también una chingadera (cagada). No sabemos qué vamos a encontrar”. ¿Pero no van a Estados Unidos por el “Sueño Americano”? “Vamos por la falta de sueños “catracho” (así denominan a los hondureños), porque en Honduras no hay futuro. En Estados Unidos, al menos hay trabajo”. El golpetazo de la curva que lanza el vagón a un lado y otro como un latigazo interrumpe cualquier charla. El Moncho casi se cae. Alexis lo agarró de un brazo. Ya vieron cómo se caían tres muchachos en el camino y nadie sabe en qué estado quedaron. Montar a la Bestia es como estar en un rodeo. En vez de caballo hay hierros. En vez de ruedo hay vías. En vez de domadores hay muchachos desesperados. Son los centroamericanos que escapan de la pobreza de sus países, más de 200.000 cada año, se trepan a los trenes de carga que cruzan México en un raid que les puede llevar hasta un mes en los que están expuestos a robos, violaciones, secuestros, mordeduras de animales, amputaciones y hasta la muerte para intentar llegar a Estados Unidos en busca de un trabajo, de un futuro. A estos ferrocarriles se los conoce como “el tren de la muerte” o simplemente “La Bestia”. Los jinetes tienen entre 15 y 30 años y se juegan la vida intentando domar a ese animal de acero.
Marlene Funes tiene 23 años, los ojos de un peluche y la remera rosa de la Pink Panther. No tiene mucha idea de lo que está haciendo. Sigue a Erick Ávila, de 34, que ya vivió 9 años en Manasas, Virginia, trabajando como pintor en una constructora y que deportaron hace seis meses hacia Tegucigalpa. Ahora lo intenta de nuevo. “No tengo nada que perder. En Estados Unidos puedo ganar 5 o 6 dólares la hora. Eso es lo que me pagan en Honduras por tres días enteros de trabajo”, calcula Erick. Marlene dice que está dispuesta a trabajar de cualquier cosa menos de prostituta. Dejó en Tegucigalpa, con su mamá, a un hijo de seis años. El tren se acerca a Medias Aguas, un cruce de vías donde tendrán que estar muy atentos para no subirse a otro convoy que los desvíe de la ruta. Pero se quedarán acá a descansar el resto del día. Van a acompañar a Carlos Trejo, un compatriota de San Pedro Sula de 53 años, dos hijos y con 15 años trabajando en la construcción en Houston, Texas. Trejo está con un poco de fiebre y diarrea. “Fue lo que comí ayer en el albergue de los curas. Estaba muy picante. No estoy acostumbrado a comer tan picoso”, cuenta Trejo. Los otros lo esperan por solidaridad y porque ya es un veterano de esta travesía. La hizo seis veces en los últimos años y conoce cada refugio, cada tren. Ahora, por ejemplo, ya averiguó con uno de los trabajadores de la estación que el próximo carguero hacia Orizaba, en Veracruz, saldrá a las once de la noche y que habrá que tirarse antes de llegar, apenas disminuya la marcha, para evitar las patrullas de la policía federal mexicana que intenta que los inmigrantes no invadan ese importante centro de cargas de donde salen los trenes directos hacia la estación de Lecherías en el Distrito Federal mexicano.
La experiencia de Trejo no le evitó los robos a este grupo. “Primero fueron los policías. Apenas cruzamos la frontera (de Guatemala a México) nos pararon en Ciudad Hidalgo y les tuvimos que dar las pocas lempiras y pesos mexicanos que teníamos encima. Y después, cuando estábamos llegando a Arriaga, en Chiapas, aparecieron unos mareros (pandilleros) muy marihuanados (drogados) a los que le tuvimos que dar como mil dólares entre todos para que no nos entreguen a unos secuestradores”, cuenta Marlene en voz baja y con cierta vergüenza. El año pasado, de acuerdo a la Comisión de Derechos Humanos de México, fueron secuestrados oficialmente 9.758 migrantes centroamericanos. Aunque la mayoría nunca hace la denuncia. En general son secuestrados por grupos narcotraficantes como Los Zetas que piden hasta 3.000 dólares de rescate a los familiares o amigos que esperan en Estados Unidos. Se calcula que las organizaciones llegan a juntar cada año más de 25 millones de dólares en ganancias sólo de esta actividad. Las mujeres son también violadas. “Hasta ahora no tuve problema, pero si me pasara creo que prefiero antes tirarme del tren y matarme”, dice Marlene.
La locomotora azul acomoda los vagones en una tarea que requiere paciencia y precisión. Se van enganchando uno a uno hasta completar la formación de más de 40 vagones. Los de adelante están totalmente prohibidos. Llevan químicos. Cientos de migrantes murieron intoxicados en los últimos años cuando se metieron en estos vagones. Pero los de atrás son de cereales y containers. Cuando el convoy comienza a rodar salen decenas de muchachos y algunas chicas de entre el monte y comienza la loca carrera por montar a La Bestia. Corren a la par del tren por entre las piedras puntiagudas. Cualquier imprecisión puede significar caer y perder al grupo con el que se viaja, tener un duro golpe o que las piernas se vayan debajo de una rueda. Los más hábiles suben a la pequeña plataforma entre los vagones y le dan la mano a los más retrasados. A las chicas las levantan de la cola y el de arriba las tira sin mayores delicadezas. Lo intento. El tren es el revés del caballo: siempre se sube por la derecha. Corro con ellos y logro tomarme de un pasamanos. No se puede mantener la estabilidad en estas piedras. Los pies insisten en cruzarse uno al otro. Largo el salto con la pierna izquierda y me doy la tibia con el hierro del primer escalón. Llego con la pierna derecha. Me estabilizo. El tren va a baja velocidad, tal vez a 15 o 20 kilómetros por hora. Cuando creo que ya está, que dominé a La Bestia, viene el barquinazo. El convoy va hacia un lado y el vagón del que me agarré, para el otro. La gravedad me expulsa. Decido usar esa fuerza para bajarme, viajar en auto y esperar en el próximo cruce de vías. Los chicos que viajan hacia la frontera méxicoamericana, llevan ya entre 20 y 30 subidas y bajadas. Veo cómo se aleja el tren y las sombras de los pocos que están parados sobre los vagones. Uno levanta los brazos al viento en señal de victoria. Cree que domó a la bestia. No entiende que todavía tiene que estar montado en el acero otras dos semanas.
Unos 300 kilómetros más adelante, en el albergue de Tierra Blanca, la hermana Guadalupe está terminando de preparar una sopa de tortilla, caldo de pollo con trozos de verdura y pedacitos de la clásica tortilla mexicana de maíz con algún chile picante dando vuelta. También hay arroz y porotos negros. Esperan a los que vienen en el tren de la mañana. “Tenemos lugar para unos 50. Pero a veces nos vienen 300. Ahí sacamos las ollas a la calle y les servimos en una tortilla. No alcanzan los cubiertos ni nada”, cuenta la religiosa mientras se toma un descanso. Helios Cordero, un voluntario venido de la Ciudad de México, artesano y actor de 32 años, es el que se ocupa de organizar a los que van llegando. En la puerta les lee el código del lugar: sin armas ni drogas, deben dejar sus datos --incluido un teléfono para avisar a sus familiares en caso de ser necesario--, se pueden quedar hasta 24 horas, darse un baño y dormir en una de las pocas cuchetas. “Algunos vienen y nos piden toallas y champú como si esto fuera un hotel”, se queja Helios. Rosanna Paguada, de Tegucigalpa, 28 años, artista y cocinera y Erick Ríos, de Chinandega en Honduras, 25 años, colocador de alfombras, prefieren quedarse afuera. “Igual te dan comida y no le tenemos que andar dando explicaciones a las monjas”, dice Rosanna. Se conocieron con Erick en uno de los trenes y comparten el hecho de ser unos veteranos de este tipo de viajes y de estadía en Estados Unidos. Los dos prácticamente se criaron allí, uno en Tennessee y el otro en Texas, y vuelven después de ser deportados hace unos tres meses. Los esperan sus hijos y parejas. Rossana tiene un niño de 9 años. Erick, una bebé de meses. Ella me muestra en su celular un video clip del cantante de música country Marcus Humman. “Me dedicó una canción que lleva mi nombre, Rossana, y actué en el video”, cuenta. ¿Cómo es posible, entonces, que te hayan deportado? “Pasé 15 años en Nashville pero nunca terminé de hacer los papeles. Por una cosa u otra nunca tuve la residencia. Hasta que un día me paró una camioneta de migraciones y me llevó. Estuve en la cárcel como un mes, después me metieron en un avión hacia Tegucigalpa. Pero no tengo nada que hacer ahí. Mi vida está en Tennesse”.
El grueso de los que bajan del tren van directamente hacia la estación de Tierra Blanca. Ahí, a unos cien metros está la planta purificadora de agua de Isidro Carrizal. Hay al menos unos 60 inmigrantes esperando que salga el tren de la tarde hacia Orizaba, el nudo ferroviario donde pueden alcanzar otro tren que los lleve hacia el norte. “Ayer mismo había acá como 400 personas. No dábamos abasto. Estuvimos cocinando y dándoles de comer durante casi seis horas. Hoy son menos y se las están arreglando bastante bien ellos mismos”, comenta Isidro mientras tres muchachos cortan leña, otros dos calientan el aceite para fritar las tortillas y calculan cuántos kilos de arroz van a necesitar. Mary, una laica católica delgada y movediza, los dirige y luego los convence de esperar unos minutos antes de comer para rezar. “Señor protege a estos muchachos de los peligros del camino, que no sean atacados por las bandas criminales, que no sean golpeados”, invoca Mary. Todos cierran los ojos y escuchan. Una chica con una remera con la imagen de la virgen negra de Guadalupe levanta los brazos al estilo evangelista. El olor de la comida recién hecha invade el final del rezo. Comen de a grupitos hablando en voz baja. Hay unos que no parecen ser muy confiables que permanecen del otro lado de las vías bajo un árbol para protegerse de los 37 grados con 90% de humedad. “Hay que tenerle un ojo a esos. Andaban jalados (drogados) y son capaces de chingarnos (jodernos)”, me cuenta por lo bajo Denis Chavarría que ya tuvo una muy mala experiencia cuando cruzó la frontera desde Guatemala hacia México y fue corrido por una clika (célula) de la Mara Salvatrucha (la pandilla internacional más temida). Se ocultó en la selva con otros compañeros y se salvó pero sabe que con ellos viaja gente que en cualquier momento lo puede asaltar y robarle los pocos dólares que tiene para pagar al pollero (traficante) que lo cruzará a Estados Unidos.
Adela Trimiño, tiene 26 años y cuatro hijos de 3,6,9 y 11 que dejó con su madre en San Lorenzo Valle, un pueblo de Honduras que vivía de la pesca y del trabajo que daba una empacadora de camarones. “Hace un año unos gringos compraron la empacadora y trajeron gente de otros lugares. No tomaron a ningún hondureño más. Nos quedamos sin nada”, cuenta esta gordita, inteligente, simpática y absolutamente determinada. Tiene el record de todos los que están allí. Es el cuarto viaje que intenta en tres meses. La primera vez la agarraron en la frontera mexicana. La segunda, llegó a Estados Unidos pero la arrestaron en el puente de Laredo. La última vez se enfermó y tuvo que regresar para recuperarse. Esta vez dice que es la definitiva. “Me espera un compadre con trabajo en la cocina de un restaurante de Houston y voy a llegar. Es la única esperanza de que mis hijos puedan comer”, dice mientras me pasa la receta de la “sopa maravilla”, en base a pescado y mariscos, una especialidad de su pueblo. Escucha asombrada Wendy García, también de 26 años y con tres chicos. Está viajando por primera vez junto a su marido a quien le prometieron un trabajo en Texas. “Espero que sea esta vez la definitiva. No aguantaría cuatro viajes como hizo Adela. Si tengo que volver y veo a mis hijos no me voy nunca más”, dice con una enorme angustia en su rostro.
Trrruuuunnnn. La sirena de la máquina despierta a todos del letargo. En apenas unos segundos se levantan, toman sus mochilas o bolsos destartalados y ya están al pie de la vía. La Bestia se mueve lenta pero el chirrido del acero friccionado anuncia que está por partir y se resiste a que la monten. Pero estas chicas y chicos no se dejan amedrentar. Uno a uno comienzan a correr al lado de los vagones y se cuelgan de los pasamanos. Veo que a Wendy la levantan en el aire y aterriza sobre la parrilla del primer descanso. Veo también como sube ágil hasta el techo José Sarmiento, el pibe de 23 años con el que estaba charlando en el momento en que salía el tren. Me cuenta que ya estuvo cuatro años y medio trabajando como plomero en Jefferson City, también en Tennesse, de donde lo expulsaron hace tres meses, que su pareja Mary y su hijo Wilman Aris, de 3 años, lo esperan allá y que se dirige a Albuquerque, en New México, donde tiene un contacto que lo ayudará. Cuando ya está en el tren le grito que espero verlo en cuatro horas más cuando el tren pase por Guadalupe-La Patrona, a unos 180 kilómetros, y que esté atento porque allí unas mujeres extraordinarias le arrojarán una bolsa con la cena y el agua que necesita para sobrevivir hasta la próxima parada. Un corcoveo de La Bestia oculta de mi vista a José hasta que lo veo resurgir como una sombra, saludando con la mano como un domador triunfante.

http://www.clarin.com/zona/jinetes-Bestia_0_455954615.html

viernes, 1 de abril de 2011

Inmigrantes VIP

Inmigrantes vip: "A mí me favorece el efecto rubio"

Thomas Hagedorn es uno de los 954 alemanes que se instalaron legalmente en la Argentina en los últimos cinco años; dice que por su alta capacitación y su procedencia lo discriminan "positivamente"

El alemán Thomas Hagedorn espera a lanacion.com en su piso de San Telmo, un departamento que conserva la belleza de los edificios antiguos y la luz que llega de los ventanales frente a su escritorio. Este urbanista, que elige vivir en la Argentina hace ocho años, no se queja de su suerte.

"A mí me favorece el efecto rubio", reconoce este treintañero con residencia permanente en el país cuando se le consulta sobre cómo lo tratan los argentinos. Como él, 954 alemanes eligieron instalarse en la Argentina en los últimos cinco años, según cifras de la Dirección Nacional de Migraciones del Ministerio del Interior. La inmigración vip, esto es, de jóvenes profesionales llegados desde países desarrollados viene creciendo sin pausa.

Hace algunas semanas, el tema de agenda mediática eran los inmigrantes de países limítrofes, en muchos casos, repudiados desde algunos sectores de la opinión pública por ser los supuestos causantes de adueñarse ilegalmente de terrenos, ocupar puestos de trabajo locales, generar disturbios o delinquir.

En este contexto, lanacion.com invitó a un profesional alemán que trabaja como docente en la UBA y como asesor del gobierno nacional en materia urbanística a conversar sobre las razones personales por las que eligió cambiar su país de residencia, su experiencia como inmigrante y, también, sobre su mirada acerca de la inmigración.

"¿Discriminación por ser extranjero?", repregunta el entrevistado, sonríe y se acomoda en su sillón de dos cuerpos. "Discriminación positiva siento; a nosotros nos favorece el efecto rubio", dice en un castellano bien aprendido, pero que conserva un tono de inocultable extranjero. Y se explaya: "Veo a los porteños muy interesados en mí, en mi historia, en cómo percibo su ciudad, su país; nunca sentí discriminación negativa en ningún sentido".

Hagedorn, que está al tanto de las últimas reacciones xenófobas contra inmigrantes latinoamericanos, trata de encontrar respuestas a estas diferencias que percibe con quienes considera hermanos migrantes. "Tal vez tiene que ver con mi descendencia, con el hecho de ser europeo, algo que se percibe como un valor porque muchos de los abuelos de ustedes vinieron de Europa, nos tienen un poco como familiares", explica este joven que hace años eligió la Argentina para vivir porque acá lo encontró el amor. Y arriesga una explicación más específica sobre quienes llegan de su país. "Especialmente a Alemania se le tiene un cierto respeto como país, por la capacidad tecnológica y su orden como sociedad".


Por contraste, con otros extranjeros, ¿qué pasa?, pregunta lanacion.com. "Creo que los bolivianos, paraguayos, peruanos están percibidos de otra manera; vienen de otros países, de sistemas sociales y culturales distintos y, además, tienen más necesidad económica que un europeo. Para ellos, es pura necesidad estar acá, adaptarse, tener trabajo; para un europeo es diferente porque si las cosas andan bien se queda: si no, se vuelve a Europa, donde hay muchas oportunidades", contrasta.

Y ejemplifica con su caso. Pese a tener trabajo en lo suyo, en la Argentina no se imagina quedándose por mucho tiempo aquí: "En Alemania se puede proyectar una carrera; el problema de acá es que uno no puede planificar nada más allá de unos meses o un año". Esa imprevisión, sumada a la desigualdad social que considera inadmisible, lo invitan a retornar a su tierra.

La idealización de europeos
Idealizar a algunos, vincularlos a la salvación de la sociedad; denostar a otros, chivos expiatorios de las propias crisis. Consultado por lanacion.com, el especialista en migraciones Alejandro Grimson habla del imaginario argentino porque considera que desde allí pueden explicarse muchas cosas. "Por la pregnancia de un imaginario europeísta, los argentinos siempre se jactaron de no haber discriminado", dice.
Y se explaya: "Cuando era chico los relatos decían que acá no hay racismo porque no hay negros ni indios; los sectores más progresistas decían que no hay porque los mataron a todos, por lo que afirmaban lo que decían denunciar: porque acá sí hay negros e indios; hay afrodescendientes (3%) y, proporcionalmente al total de población, hay más indígenas que en Brasil; sin contar lo que entiendo que es la mitad de la población, que tiene alguna ascendencia indígena mezclada".
El especialista se detiene luego en la discriminación positiva hacia europeos y estadounidenses y apunta que está vinculada con la percepción de que la Argentina es un país "imperfectamente" europeo. "Ellos vendrían a ser los perfectamente europeos que nos van a ayudar a ser más como queremos".

Inmigración: la contracara de los prejuicios
Cuando estallaron los violentos incidentes en Villa Soldati, lanacion.com publicó una serie de notas sobre historias de vida de inmigrantes de países limítrofes. Los otros extranjeros.
- Es inmigrante, vive en una casilla y salió abanderada
- "Por no tener DNI me negaron la atención médica y quedé ciega"
- Inmigrantes que combaten la pobreza

Fuente:
http://www.lanacion.com.ar/1361731-inmigrantes-vip-a-mi-me-favorece-el-efecto-rubio

lunes, 14 de febrero de 2011

Europa contra los inmigrantes... y ya van....!!

UNA NUEVA CRUZADA CONTRA LOS SIN PAPELES

Europa busca frenar la llegada de tunecinos


Luego de que más de 5000 personas provenientes de Túnez llegaran en cinco días a la isla italiana de Lampedusa, el gobierno de Silvio Berlusconi llamó ayer a frenar la inmigración desde ese país y propuso desplegar policías italianos en suelo tunecino, algo que fue rechazado tajantemente por el país africano. Hoy el gobierno francés expresó que "no puede haber tolerancia para la inmigración clandestina".


El portavoz del gobierno tunecino, Taieb Baccouche, consideró ayer "inaceptable" este domingo en Al-Arabiya la idea de Italia de enviar policías italianos a Túnez para contener la multitudinaria inmigración clandestina de ciudadanos de ese país.

"El pueblo tunecino rechaza el despliegue de soldados extranjeros en su territorio", respondió Baccouche al ministro del interior italiano Roberto Maroni, y agregó a la cadena de televisión Al-Arabiya que el control del litoral tunecino "compete a las autoridades tunecinas". Lamentó las declaraciones de Maroni, y agregó que no le sorprenden pues son de un ministro perteneciente a la "extrema derecha racista".

"El sistema tunecino está a punto de derrumbarse", había dicho Maroni, miembro del partido anti-inmigrantes y populista la Liga del Norte, al noticiero televisivo TG5. "Pediré al ministro tunecino de Relaciones exteriores la autorización para que nuestras fuerzas puedan intervenir en Túnez para bloquear los flujos", afirmó. Además, solicitó "una convocatoria urgente" del Consejo Europeo para "lograr una estrategia" en la lucha contra la inmigración en el Mediterráneo.

En tanto, Francia se sumó hoy a Italia y afirmó que no tolerará la inmigración clandestina tunecina, aunque deja la puerta abierta a solicitudes individuales de asilo, aseguró el ministro francés de Industria, Eric Besson.

"No puede haber tolerancia para la inmigración clandestina", dijo el ministro en una emisión de "Canal +", donde precisó que sí es posible, no obstante, que "algunos puedan tener derecho al asilo". No se trata, agregó el ministro, de una "decisión colectiva" sino que habrá que analizar "caso por caso la situación personal" de los afectados.

Cerca de 5000 emigrantes ilegales, en su mayoría tunecinos, llegaron a la isla italiana de Lampedusa en los últimos días, lo que motivó un viaje a Túnez de la jefa de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Catherine Ashton.

Desde el Ministerio francés de Exteriores se subrayó que Francia reafirma su "plena solidaridad con Italia", país con el que mantiene "regularmente contactos" en materia de inmigración. "La lucha contra la inmigración irregular constituye una prioridad que el Gobierno francés comparte con el italiano", agregó la diplomacia gala, que aprovechó para pedir un "refuerzo operacional de la agencia Frontex y un desarrollo de la cooperación con los países de origen y de tránsito".

http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-162338-2011-02-14.html

domingo, 13 de febrero de 2011

Emergencia humanitaria en Italia por una ola de inmigrantes árabes

13/02/11 En los últimos 4 días llegaron en barcazas 4.000 personas que huyen de la crisis.

Ante la oleada de arribos en decenas de viejas “carretas del mar” de casi cuatro mil inmigrantes ilegales en cuatro días desde las agitadas costas del norte de Africa, el gobierno italiano declaró ayer el estado de emergencia humanitaria en una reunión especial del Consejo de Ministros.

El incendio social en los países árabes comienza a crear serios contragolpes para Europa . Anoche habían sido avistadas en las aguas calmas del Mediterráneo gracias al buen tiempo otras diez o doce embarcaciones. Una barcaza pequeña se hundió por el exceso de peso cuando salía de Túnez y hay un muerto y un desaparecido. Diez hombres, mujeres y chicos fueron salvados.

Los inmigrantes apuntan a la isla de Lampedusa, tierra avanzada de Italia en el extremo sur de la península, cerca de Malta y las costas del Mahgreb.

Mientras en Túnez y Argelia proseguían ayer manifestaciones y desórdenes, en un largo arco que va de Egipto a Libia, Argelia y Marruecos son muchos los que quieren aprovechar y embarcarse hacia el sueño de prosperidad europeo, porque la propagación de la revolución árabe seguramente agravará los problemas económicos.

Italia ha pedido a Europa que intervenga para ayudarla a asistir a los inmigrantes y organizar una estrategia para afrontar la crisis humanitaria que ya se perfila, con éxodos de masa que en el próximo futuro pueden extenderse a las naciones del Africa negra.

Como las estructuras de recepción de Lampedusa fueron cerradas, aviones y naves han comenzado a trasladar a otros centros para inmigrantes en el continente italiano a miles de inmigrantes.

En Lampedusa, los recién llegados duermen donde pueden mientras se trata de reabrir las estructuras de acogida. Muchos prófugos pernoctan en las banquinas del puerto.

El ministro del Interior, Roberto Maroni, dijo que el objetivo principal del gobierno de Roma es asistir “a los ciudadanos en fuga desde los países nordafricanos”, que en buena parte arriban indocumentados.

Maroni acusó a las autoridades de la Unión Europea de “proceder con paso lento hasta ahora”.

La gran mayoría de los inmigrantes clandestinos son de Túnez y pagan entre 500 y 700 euros para lograr embarcarse hacia las costas europeas.

La emergencia dramatizó las expectativas ansiosas de los italianos por los acontecimientos en Egipto y en los países del Mahgreb, mientras en la propia península se vive un clima de fuerte exasperación política por los escándalos que involucran al primer ministro Silvio Berlusconi.

Se estima que hoy miles de mujeres marcharán al grito de “Basta!” por más de cien ciudades en defensa “de la dignidad y respeto” de las féminas, reclamando la inmediata renuncia del jefe del gobierno italiano.

La justicia de Milán está por procesar a Berlusconi por la prostitución de una menor y abuso de poder, en el llamado “Rubygate”. Tres allegados al premier irán a proceso por organizar una red de prostitución a fin de animar las festicholas en la residencia de Berlusconi. Los medios de comunicación siguen concentrados en estos temas, que también suscitan la atención internacional. Italia vive un fuerte desprestigio que el jefe de la oposición de centroizquierda, PierLuigi Bersani sintetizó en la frase: “Diplomáticos en lágrimas y empresarios muy preocupados”.

Ayer, el periodista Giuliano Ferrara, amigo crítico de Berlusconi, junto a 1.500 partidarios de Il Cavaliere en Milán, fueron convocados bajo el lema: “En calzones, pero vivos”.

Lo de los “calzones”, según los observadores, se relaciona con el proyecto de cientos de mujeres de ir hoy hasta la residencia de Berlusconi en Arcore, un suburbio de Milán, escenario de los escándalos sexuales de “Bunga-Bunga”, para lanzar sus bombachas en señal de desprecio y bronca contra el premier Berlusconi.


http://www.clarin.com/mundo/Emergencia-humanitaria-Italia-inmigrantes-arabes_0_426557417.html

miércoles, 9 de febrero de 2011

Seguimos pensando qué hacer para ayudar a Manuel

Hace unos días te contamos lo sucedido con el hijo de Natividad en Perú.
A la distancia, mucho no podemos hacer, solo tener fe y estar con ellos, con su familia y pensar que todo va a salir bien.
Sin embargo, tampoco podemos quedarnos con los brazos cruzados, y a alguien siempre dispuesto a ayudar (por suerte siempre hay personas dispuestas a ayudar a los demás) se le ocurrió organizar una "pollada" a beneficio de Manuel.
Ojalá puedas sumarte. Cada granito de arena es importante.


POLLADA SOLIDARIA A BENEFICIO DE MANUEL OBESO

Gran Cruzada Solidaria a Beneficio de Manuel Obeso

Con tu contribución vamos ayudar a Manu, ¡él y su familia nos necesitan!

Pollada Solidaria: ¿Cuándo? el domingo 13 de febrero a partir de las 12 pm en adelante...

Restaraurant "Inka si Señor" Juan B.Justo 6302 - Floresta (a 3 cuadras de Av. Nazca)

Por cualquier informacion:

migrantesenargentina@yahoo.com.ar

o llamar a Maria Urbano 42284865


Todo suma! Te esperamos!

lunes, 7 de febrero de 2011

Del primero, del tercero... en fin... ¡inmigrantes!

JOVENES INMIGRANTES: SUDACAS Y EURACAS

Discriminación descontrolada
La inmigración limítrofe se mantuvo en el 3 por ciento, mientras que en los últimos años llegaron más extranjeros provenientes de Europa y Estados Unidos. Las noticias de las “tomas” y las declaraciones políticas caldearon xenofobia e hicieron resurgir ese absurdo orgullo de tener lugar de origen en un país de inmigrantes. En fin, el NO juntó a migrantes del tercer mundo con los del primer mundo para entender cómo se trata en estas pampas a las personas según de dónde vengan.

Por Federico Lisica

La remera que trae Milad nació de un stencil global. En el centro está Paddington –el osito peruano hallado en la estación de tren londinense, icono de la literatura infantil inglesa– con la leyenda: “La inmigración no es un crimen”. La consiguió en un viaje a Colombia y la ofrece para la sesión de fotos. Finalmente quedará a un costado cerca de su dueño, un alemán acompañado de dos españoles, un italiano, un boliviano y un uruguayo. Se sientan en ronda bajo la mirada atenta de otro nómada como Luca Prodan. La foto del cantante de Sumo, a lo alto de una de las paredes de la residencia para estudiantes extranjeros, no parece haber sido colgada ahí por azar. Ellos tampoco están acá por casualidad. Cada uno tiene sus motivos.

Marcelo dejó una pesada historia familiar del otro lado del río (“todos en la Villa 20 me conocen como ‘El Uru’”, aclara). Cada mañana atraviesa las calles de barro, mira el tendal de cables grises, el basural y la torre fantasmagórica de Interama para llegar a su trabajo como ayudante gastronómico. “La verdad es que la Argentina en un principio no me gustaba, soy muy del lugar, y vine re deprimido. Tenía 25 años y piqué para el Norte, a Salta y Jujuy, que no tiene nada que ver con lo de acá... hablo de la gente, el respeto por la palabra”, dice –con unos poquísimos pero perceptibles “tá” y “vó”– en el camino. Vive con su mujer e hijas en una de las villas más pobladas de la ciudad, y semanas atrás estuvo palmo a palmo con Juan en la toma del Parque Indoamericano. Marcelo cuenta que cuidaron “las carpitas hechas con plásticos y palos”, que se resguardaron “de los tiros que venían desde cualquier lado”, que vieron sangre y muerte entre el humo. Juan, por su parte, nació en la provincia de Santa Cruz en Bolivia y ancló con toda su familia en el sur de la capital hacia 2003, básicamente, “porque allá no había nada para comer, pero nada nada”. Junto a Marcelo es uno de los más de 40 mil habitantes de esa tierra que quema, y para lograr algo más no pudo escapar para rendir sus exámenes en el colegio (ver recuadro “¿Qué ves cuando me ves?”).

Andrea es clown y giramondo. Cuenta que “hasta que la maquinita funcione” va a seguir cruzando fronteras con su arte; ésta es la tercera vez que se radica “por un cachito” en la Argentina. “La primera fue por la ‘Contra Cumbre de las Américas’ en 2005, luego trabajé con grupos indígenas en Chiapas enseñando teatro, estuve en Colombia, volví a Italia como cocinero, tomé cursos de payaso y ahora vine a montar un espectáculo... Para mí esto es como cerrar una etapa y abrir otra”, expresa sin necesidad de mostrar el pasaporte lleno de colores y sellos. Cuando vuelve a la residencia de sus ensayos, le gusta perderse por los recovecos de la noche de Almagro “y tomarse unos vinitos en las milongas”. Aunque diferencia: “Al principio es más vivir fiu fiu fiu, de fiesta. Después caes, compartes, y a eso de los cinco meses te dicen: ‘¿Vamos a tomar una cerveza? Me cago en la puta madre, no tengo plata’. Y por eso me ha enganchado Buenos Aires, por lo pasional, en un momento sos estrella y después estás en el charco, arriba y abajo”.

Esos contrastes son los que Ruth no hallaba en Barcelona (“tenía como una realidad inventada, el mundo no es tan así, lo correcto, lo estable, lo no salirse de la norma, y aquí era lo bueno y lo malo juntos, la riqueza y la pobreza, el entusiasmo... se vive más”). Con Paco, aparte de su origen catalán, comparte algo más. Son actores y parte del staff del Proyecto AEBA (proyectoaeba.com.ar). “Somos españoles y a todos nos atrae la ciudad en lo teatral. Buscamos juntar experiencias, montar obras, ser un lazo”, explica Ruth, la ideóloga de la empresa. A ella se la puede oír en la película Los paranoicos, ver en obras como La casa de Bernarda Alba, cantar con su proyecto Kodama y moverse por el barrio de Boedo “como una porteña más”, jura. “Es que si hago mi tonada de aquí no se dan cuenta –se ríe–. Llegué hace cinco años por vacaciones, conocí a una chica, me enamoré y me quedé. Fue un poco por el idioma, porque me siento cómoda; pero más bien es por el teatro, el amor al teatro”, cuenta con emoción en la voz.

Paco pasó la puerta corrediza de Ezeiza hace “dos... tres meses” con el objetivo de hacer un voluntariado en teatro. “Tal vez aquí sea más duro que en otros lados –comenta–, pero la gratificación es mayor. En este poco tiempo tengo la sensación de que me han pasado muchísimas cosas, casi imposible para ese lapso.” Algunas de ellas fueron preparar su espectáculo de stand-up, animar fiestas y ubicarse en el barrio de Belgrano: “Muy cerca del banco que robamos”, tira.

Milad es oriundo de “un pequeño pueblito bohemio” alemán y escogió Buenos Aires para perfeccionarse en Medicina por “su doble reputación, lo cosmopolita y por la que tenía el sistema público de aquí. Felizmente mi último año de carrera puedo hacerlo en otro lugar y aquí estoy”. Lleva puesto el ambo azul con el que salió hace un rato del Hospital Santojanni –bastante cerca de la Villa 20–, aunque los fines de semanas se lo quita para bailar en salas como Uniclub o Crobar. “Me tenía que volver en diciembre, pero no pude ir, fue como atajarme de un microcosmos.” Si bien al principio “las informaciones desordenadas” y la comida de las “pariyas malas de caye Florida” le dieron “náuseas y ganas de volverse”, sin click alguno comenzó a conectar: “La llegada es dura, pero es como una forma de honestidad. Este es un planeta aparte, muy adictivo. La gente, los lugares, la movida artística, es la onda, la buena y mala onda... me gusta la onda”.

DESCONTROLADOS Y 1200 POR MES... ¡JODER!
Según Alejandro Grimson (antropólogo e investigador del Conicet / Idaes–Unsam), existen varios tipos de inmigración (permanente, transitoria, golondrina) y que por una cuestión vital ésta suele darse en la juventud. Los entrevistados cuadran en esas categorías. Aunque –¿dónde está el chino que escucha pop oriental mientras atiende en la caja del súper?, ¿o será el “ponja maxiquiosco” de la publicidad?, ¿y el morocho que vende oro?– podría etiquetarse y preguntar al borde de la discriminación descontrolada. Es que en muy poco tiempo, dos noticias relacionadas con la inmigración y con los jóvenes aparecieron con virulencia, caldearon xenofobia y ese ubicuo y raro orgullo por el lugar de origen.

La primera hizo mella a partir de lo dicho por el jefe de Gobierno de la Ciudad con su hashtag nacionalista y vergonzoso: “#InmigraciónDescontrolada”. “Es racismo puro, y punto”, marca Andrea. “Nosotros nos cagamos de la risa en la cara de él; te olvidaste, culeao, de tu papá, de tu mamá, de cómo vinieron”, lanza Marcelo, que estuvo en Casa Rosada tras los incidentes en Villa Soldati junto a representantes de las comunidades que ocuparon el predio. Dos días antes, Mauricio Macri –con los mismos argumentos que el Alcalde Diamante en un episodio de Los Simpson– profirió, una y otra vez, la polémica frase.

No importa que las estadísticas oficiales demuestren que la inmigración limítrofe se mantiene desde hace un largo tiempo cerca del 3 por ciento (se calcula que un 10 por ciento de la población en nuestro país es de origen paraguayo, boliviano y peruano), o que según los datos de Migraciones entre 2004-2009, en proporción, han llegado más italianos y estadounidenses que gente del país de Juan. “Con lo de ‘inmigración descontrolada’ no se refería a Europa, hablaba de Perú, de Paraguay, de Bolivia, ni siquiera de Uruguay”, dice el charrúa entre risas y bronca, optimista –incluso– por la organización surgida de las tomas.

“Cuando una persona la pasa mal y se muere de hambre, ¿cómo puedes decir qué es un descontrol? Aunque me parece que la inmigración es un fenómeno global al que hay que buscarle soluciones. Intentar que la gente que viene no termine en talleres clandestinos, a veces manejados por sus propios compatriotas. Toda persona en esa situación tiene derecho a salir”, apunta Paco.

“Yo tengo que hablar de eso”, anuncia Ruth con voz de reto. El tema: los mil doscientos españoles de entre 25 y 35 años que emigran “para buscar en la Argentina la alternativa laboral que su país no les brinda”. La nota apareció en un diario ibérico a mediados de diciembre y fue replicada en nuestro país. “Lo que se está queriendo decir, la información que se quiere dar... es patético.” Ni Ruth ni Paco creen en esos números: “Tendrán en cuenta a los que tienen doble nacionalidad, los que vienen a hacer turismo por largo tiempo. Además, el primer destino suele ser Francia e Inglaterra”, dicen entre los dos.

Pero la bronca viene por otro lado: “Llamaron a AEBA porque querían hacer una nota de los españoles en la Argentina. Querían un español que les dijera que acá estábamos de puta madre y que se vinieran todos. Mira, yo vine hace 5 años, así que no vine por la crisis –le explicó Ruth a la periodista–. Una compañera le habló de la presión social que tenía allí, de un trabajo fijo, de una hipoteca, y tan tan tan; y pusieron todo como si aquí fuera lo más, que te dan trabajo... ¡cuando vio la publicación! A mi amiga la insultaron mal, que se había dado la vuelta, y todo ese rollo. En definitiva, quieren que nos rajemos; antes en España era con los inmigrantes, ahora ya es cualquiera”, lanza. “No vengamos con que aquí es la panacea –suma Paco–. La verdad es que un puesto estable o la calidad de vida es mejor en España que en la Argentina. Aunque el teatro es un sector aparte, y como mucho de lo que se hace allí es a través de ayuntamiento, es cierto que ha disminuido por la crisis. Había averiguado que aquí había 300 mil españoles, leo esa nota y... ¡pero la puta madre, no soy original!”, dice entre carcajadas.

A Ruth le causa gracia un término que ha comenzado a circular en la web, nacido entre aquella sensación que Manu Chao señaló sobre las ventajas de su pasaporte –y que reconocen los entrevistados del Viejo Mundo–, las facilidades del cambio monetario y cierta metamorfosis de época: “No me molestaría que me llamen ‘euraca’ –se ríe–, está bueno que nos puedan llamar mal, prefiero eso a que me digan ‘¡ay, mi amor!’ porque soy española. La connotación de sudaca, en cambio, es horrible. Yo vine aquí para vivir ‘la realidad’, no quiero que me den beneficios de nada”.

“NO HE TERMINADO CON BUENOS AIRES”

Wendy Sulca, el Delfín y la Tigresa del Oriente cantaron juntos su hit dedicado a Israel (y apoyado por la embajada de ese país) en Ciudad Konex (muy cerca de donde se hizo esta entrevista para el NO). El recital fue en ese epicentro cultural semejante a la torre babilónica por el mix de colores e idiomas de sus visitantes. Menos kitsch y con plena sinceridad en la voz, Andrea dice que por su estilo de vida es “casi más inmigrante en Europa que acá”. Como Milad, confía en las experiencias que le llenan el alma. “Cuanto más viajas, más tienes como opción quedarte en otro lugar, las fronteras caen y juegan un papel menos importante –razona el alemán–. Sé que es una perspectiva privilegiada, aquí hay personas diferentes de países diferentes. Yo tengo esa posibilidad, más por casualidad que por otra cosa.”

En ese aquí y allá, en ese ellos y nosotros, en esa nacionalidad a la que Paco en varios momentos de la charla definirá “accidental” (sus mismos padres migraron por Europa), para Marcelo implica un antes y un después: “Después de lo que pasamos en la toma, de lo que vivimos, quiero nacionalizarme. Es para pelearla por gente que acá está muerta y no lo sabe. Es tan grande la diferencia... Y no es por la necesidad que siempre está, pero la torta está tan mal recortada. Yo puedo contar lo que es la villa, pero otra cosa es vivirla. Esto –dice mirando el ambiente de unos pocos metros cuadrados– es un lujo. Allá las mujeres están solas y con pibes, las casas hechas con cuatro palos, lo primero que te tildan es de chorro y al final somos todos iguales, seres humanos. Milad y yo tenemos la misma visión, luchar por un futuro de estabilidad, si no, ¿para qué emigraste con todo lo tuyo a cuestas?”.

“Cuando anunciaron que Evo Morales iba a dar tierras si nos volvíamos –lanza Juan con seguridad–, uno se pone a pensar: ¿y para qué vine acá? Uno viene a laburar, para salir adelante, ganarse la vida bien y listo.”

Los sueños de radicarse aparecen como una opción en Milad: “Es que no terminé con Buenos Aires. Tengo que volver a Alemania por mi graduación, estoy pensando cuándo, cómo y en qué rol podría volver. Si podría comprar mi departamento. Hay que tener una conexión con la ciudad”. A Ruth, en cambio, la seduce la confianza en el presente: “No sé si me quiero quedar, si soy consciente de lo que voy viviendo. Como que voy generando cosas; ya llevo cinco años e ir a otro lugar sería empezar de cero. Y es necesario anclar. Mi deseo sería vivir en los dos lugares. Dos meses en España y el resto aquí y en otras partes; pero sé que es muy difícil”.

Uno de esos “frutos” es justamente el proyecto AEBA concebido como colectivo teatral y algo más: “Estaba desconectadísima de todo lo español, quería vivir como una argentina más; pero al cabo de tres años se te empiezan a disparar otras cosas, de hacer un tipo de bromas, de compartir un lenguaje, de recuerdos infantiles, de pasarte toda una tarde acordándote de programas de chico”. Hoy el proyecto reúne a casi una treintena de artistas como Paco (que anda con su “billete” sin confirmación de vuelta). “Buenos Aires me ha abierto una puerta que no sé muy bien a dónde me va a deparar”, dice el catalán.

VOLANDO VENGO, VOLANDO VOY
“Me gusta el concepto de tener una pasión, eso de ‘primero Racing... después existo’, pero nunca ganas en la realidad”, se ríe Milad por su afición blanquiceleste. La charla derivó para el fútbol. Y si esa elección puede sorprender, la de los dos catalanes no lo hace en absoluto. “San Lorenzo por el blaugrana”, anuncian los dos. “Es obvio –manda Ruth–, además vivo en Boedo.” Mejor no preguntar por la elección del Balón de Oro para Messi.

La única bandera que lleva consigo Andrea es la de la Fiorentina. Es un banderín mental, ya que no queda espacio en la valija por los discos. “De cada lugar en el que estoy me llevo un CD con su música, soy súper fanático de la cumbia. Aunque la cumbia villera me cabe hasta ahí. Pero más porque acá me joden con ‘ay, Andrea...’ –canturrea el tema de Pibes Chorros–, bueno, me rompe un poco.” Juan dice que en Bolivia escuchó reggaetón antes que cualquier argento. Señales de origen (y/o adopción) que calan perfecto en Ruth: “Me gusta el flamenco, la rumba, la fusión y me apasiona el tango. Canto y bailo tango, lo siento mucho más propio que cualquier amigo argentino, me hace flashear que soy de acá o en otra vida nací aquí. Lo que no me apasiona es el rock nacional, supongo que es más generacional, no me he comprado esos discos, ni leído las letras, bah, no crecí con ellas en el reproductor”.

De ese espejo portátil en el que uno y otros se miran, surgen visiones que han ido madurado por el tiempo de los tiempos. “Acá vamos a comer asado pum pam... yo creo que allá, son más fríos”, tira “El Uru”. Paco y Milad se asombraron de que en la misma calle, al hablar con transeúntes, brotan los lazos –más o menos imaginarios, más o menos reales– con el otro lado del Atlántico. Paco fascinó con la cantidad de imitadores de Joaquín Sabina (aunque todavía no conoce al gran Joaco del Garzo). “En mi caso, por decir que soy alemán ya me consideran de cierta forma”, dice Milad. A Andrea en Colombia le pedían plata constantemente al oírlo hablar, “hasta que me veían payaso, con la nariz colorada, y bueh...”. “Tenemos prejuicios de cómo es el argentino, el italiano o el belga; hay una lucha interior que tienes que hacer todo el tiempo –explica Paco–. Yo me siento bien tratado porque me he movido mucho, he puesto mucho de mí. Está en uno romper las barreras mentales, los estereotipos, hay que abrir los ojos.” Como lo hace “El Uru” cada vez que le sucede algo en particular: “¿No les pasó de dar vuelta en una esquina, y en tu película es igual al lugar de dónde viniste?”. Tal vez les suceda en la próxima ronda. Ruth ya partió; Milad y Andrea se quedan en la residencia; Paco pregunta cómo tomarse la línea E para ir a la estación La Plata; Juan y Marcelo encaran la avenida más larga del mundo donde los espera el 5 que va hasta Piedra Buena, y de ahí caminando a la villa.


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